Análisis de la producción científica, ¿qué tan importante es el tamaño de la institución?

Las políticas de ciencia, tecnología e innovación en algunos casos responden a intereses de la región, como en el caso de la Unión Europea y de África. Estas se constituyen en la hoja de ruta de las instituciones de investigación que definen y desarrollan sus propias políticas de acuerdo con sus capacidades e intereses.

La hoja de ruta que definen las instituciones tienen muchos matices y enfoques, dados por contextos socio-políticos, económicos y, sin duda, por el nivel de madurez en el desarrollo científico que posean el país o la región. Sin embargo, a la hora de analizar los resultados científicos es muy común encontrar justificaciones en el “tamaño” de las instituciones y en las limitaciones de sus recursos.

Pues bien, esta publicación pretende comparar y analizar las regiones de Latinoamérica, Europa Occidental y África para tratar de brindar algunos elementos que ayuden a entender el papel del “tamaño” en los indicadores de estas 3 regiones. Empecemos por observar el comportamiento de la producción científica total (Output) en Scopus durante los últimos 5 años:

Gráfico 1: Evolución del indicador Output (2015-2019). Fuente: SCImago Institutions Rankings.

A simple vista, hay una distancia muy grande entre Europa Occidental y las otras regiones, entre lo que se podría llamar países desarrollados y países en vías de desarrollo. Por otro lado, un análisis más detallado muestra que África tiene una tasa de crecimiento del 42%, Latinoamérica del 23% y Europa Occidental del 4%, lo cual es una muestra del margen que aún tienen estas regiones para crecer en su productividad. 

Para hacernos una idea más amplia de la investigación desarrollada, debemos ver el impacto obtenido por la producción científica. La siguiente grafica muestra el número de publicaciones en el indicador %Excelencia10, el cual representa la proporción de publicaciones que se encuentran en el 10% de las más citadas en sus respectivas disciplinas durante el periodo de tiempo definido:

Gráfico 2: Evolución del indicador %Excelencia10 (2015-2019). Fuente: SCImago Institutions Rankings.

La diferencia ya no se ve tan amplia, Latinoamérica y África han logrado que cerca del 10% de sus trabajos sean en excelencia, no tan lejos del 15% de Europa Occidental. Las tasas de crecimiento de este indicador son aún más prometedoras que el mismo output: África 57%, Latinoamérica 39% y Europa Occidental 8%. 

Se puede entender estos resultados como una evidencia de la capacidad que poseen estas regiones para producir ciencia de vanguardia y de alta calidad. La tendencia de estos indicadores se orienta hacia la reducción de la brecha, pero no necesariamente de manera rápida. Un futuro análisis de los trabajos de excelencia en colaboración internacional podría brindar nuevas reflexiones.

Otro indicador que nos puede dar alguna orientación sobre la velocidad en la reducción de la brecha es la tasa de colaboración internacional, entendido como el porcentaje de trabajos en donde al menos dos autores pertenecen a países diferentes. 

La colaboración internacional es una de las principales herramientas utilizadas por los investigadores para generar nuevo conocimiento (por ejemplo, al utilizar métodos validados en diferentes contextos o diferentes métodos en un mismo contexto) y sobre todo para hacer más visible su producción científica, al trascender las barreras geográficas y establecer nuevos vínculos para futuras colaboraciones. Por esto, la colaboración internacional se observa también como un indicador de la velocidad para producir más y mejor ciencia.

Gráfico 3: Evolución del indicador International collaboration (2015-2019). Fuente: SCImago Institutions Rankings .

Una breve mirada a las tasas de colaboración internacional de estas tres regiones, ayuda a identificar claramente el impacto de estrategias derivadas de políticas públicas, en particular con la necesidad de colaborar con otras latitudes, mientras que Latinoamérica y Europa Occidental colaboran aproximadamente en un cuarto del total de su producción científica. 

El análisis de estos datos nos ayuda a entender los resultados en investigación de estas regiones, tanto en lo que tiene que ver con la producción (tamaño) como en el desempeño científico (impacto). El tamaño es importante y es necesario crecer en este indicador, dando cuenta de la diversidad, la cobertura y la capacidad de una región en producir ciencia, sin embargo, analizar los datos de manera aislada puede ser desalentador para las instituciones pequeñas y para los generadores de políticas públicas, ya que el “alcanzar” a los países desarrollados puede convertirse en una meta difícil en el corto plazo. Puede que lo anterior sea una realidad en muchos casos, pero un enfoque estratégico, organizado y dirigido por las políticas públicas puede llevar a las regiones a que obtengan victorias tempranas en indicadores de impacto que sin duda ayudarán a ubicar cada vez mejor a dichas regiones en el contexto global.

Se hace necesario entonces, aprender de las experiencias de aquellos países que han decidido unirse bajo un objetivo común y en donde la ciencia y la innovación han encontrado una buena morada para su desarrollo aprovechando las ventajas y fortalezas locales por el bien común. Latinoamérica sin duda tiene esta tarea pendiente: aprovechar los intereses comunes y la identidad cultural en una política regional que le permita como bloque acercarse a la producción de nuevo conocimiento y al impacto científico de los países desarrollados.   

Gerardo Tibaná Herrara
Senior Consultant
https://orcid.org/0000-0003-2056-7605

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